Stellantis y una amenaza que duele: Argentina no puede resignarse a dejar de fabricar autos
La posibilidad de que Stellantis cierre sus fábricas en Argentina encendió una señal de alarma para la industria automotriz. Detrás de los números, los costos y las decisiones empresariales hay miles de trabajadores, décadas de historia y una capacidad industrial que llevó generaciones construir.

Hay noticias que uno escribe con cierta distancia, intentando ordenar los datos y explicar lo que sucede. Y hay otras que, para quienes llevamos años recorriendo fábricas y contando la historia de la industria automotriz argentina, generan una sensación diferente. Una mezcla de preocupación, tristeza e incertidumbre. La posibilidad de que Stellantis deje de fabricar vehículos en Argentina es una de ellas.
Herlander Zola, presidente de Stellantis para América del Sur, reconoció que la compañía contempla diferentes alternativas para sus establecimientos industriales, incluyendo el eventual cierre de una o ambas plantas. No significa que exista una decisión tomada, pero el solo hecho de plantear ese escenario resulta preocupante.
Detrás de cada auto hay miles de historias
En El Palomar, provincia de Buenos Aires, se fabrican los Peugeot 208 y el SUV 2008. En Ferreyra, Córdoba, se producen el Fiat Cronos y las pickups Fiat Titano y Ram Dakota. Entre ambas operaciones trabajan alrededor de 5.000 personas, pero el impacto de un eventual cierre sería mucho mayor. Proveedores, transportistas, talleres y numerosas actividades dependen directa o indirectamente de la producción. Cuando una fábrica cierra, no solamente se pierden puestos de trabajo. También desaparece parte del conocimiento y de la capacidad productiva de un país.

¿Por qué está en riesgo la producción?
Las declaraciones del 1 de Stellantis en la región llegan en un contexto complicado. El Grupo redujo actividad en sus plantas argentinas y enfrenta un escenario de mayores costos, caída de participación de mercado y creciente competencia de vehículos importados. Según Zola, los costos laborales argentinos duplican a los brasileños, una diferencia que afecta la competitividad de la industria local. Y acá aparece una pregunta inevitable: ¿por qué resulta cada vez más difícil fabricar un vehículo en Argentina? La presión impositiva, los costos logísticos, la escala de producción y la falta de previsibilidad son problemas que requieren soluciones de largo plazo. La apertura comercial puede beneficiar a los consumidores con más modelos y mejores precios. Pero el desafío es encontrar un equilibrio que permita competir sin resignar nuestra capacidad industrial.
Una contradicción que preocupa
Lo más llamativo es que Stellantis viene de realizar importantes inversiones en Argentina. En Córdoba anunció US$ 385 millones destinados a nuevos proyectos industriales, incluyendo pickups y una planta de motores. Además, la compañía aclaró que actualmente no existe un plan para cerrar sus establecimientos y que mantiene programas de producción para los próximos años. Es una señal tranquilizadora, pero no alcanza para ignorar la advertencia de su máximo responsable regional.
Ojalá nunca tengamos que contar ese cierre
Argentina tiene una historia automotriz enorme. Tiene trabajadores capacitados, ingenieros, técnicos y proveedores que forman parte de una cultura industrial construida durante décadas. Las empresas necesitan ser competitivas y rentables, eso está claro. Pero también necesitan comprometerse con el desarrollo industrial. Y quienes toman las decisiones económicas deben entender que una fábrica no se construye de un día para otro y que, cuando se pierde, recuperarla puede llevar décadas. Sería profundamente triste que algún día tuviéramos que contar que una fábrica con tanta historia cerró sus puertas porque producir en nuestro país dejó de ser viable.
Hoy Stellantis sigue fabricando vehículos en Argentina y asegura que no hay una decisión de cierre. Esa es la realidad. Pero las palabras de Zola deberían servir para abrir una discusión seria sobre el futuro de nuestra industria automotriz. Porque sería muy triste que dentro de algunos años recordáramos los autos que alguna vez fabricamos en Argentina como parte de un pasado que no supimos preservar. Ojalá nunca tengamos que escribir esa noticia.


