Híbrido, enchufable o eléctrico: ¿Cuál te sirve?
Hoy en la concesionaria te tiran tres palabras que parecen lo mismo y no lo son. Te las separo en criollo.
Híbrido suave o mild-hybrid: ayuda menos de lo que el nombre promete. Es el “híbrido de compromiso”. Tiene una pequeña ayuda eléctrica para asistir al motor, mejorar el arranque y bajar apenas el consumo, pero no puede mover el auto solo en modo eléctrico. En criollo: no es un híbrido de verdad, es un naftero con una manito eléctrica.
El híbrido común (HEV): no se enchufa Tiene un motor naftero y uno eléctrico chiquito. Se recarga solo, andando y frenando. Vos lo cargás de nafta como siempre y listo: gasta menos, sobre todo en ciudad. No tenés que enchufar nada.
El híbrido enchufable (PHEV): lo mejor de los dos, si lo enchufás Tiene una batería más grande que sí se enchufa. Podés hacer unos 40 a 100 km solo a electricidad (ideal para el día a día) y, cuando se agota, sigue andando a nafta sin que te quedes tirado. Conviene si tenés dónde enchufarlo; si no, estás pagando de más por una batería que no aprovechás.
El eléctrico (EV): cero nafta, pero hay que cargarlo Anda solo con batería. No usa una gota de nafta, es suave y silencioso, y "cargar" sale mucho más barato que llenar el tanque. La contra: dependés de enchufarlo, y la autonomía real es menos que la del papel (ya te lo explico abajo).
¿Me quedo tirado si se descarga? Con el híbrido y el enchufable, no: cuando se acaba la batería siguen a nafta. Con el eléctrico puro, sí tenés que llegar a un cargador, igual que el naftero llega a la estación.
Esos "500 km de autonomía", ¿son de verdad? Casi nunca. El número grande suele ser ciclo NEDC, que es optimista. En la vida real, con aire, ruta y velocidad, contá bastante menos. Mirá siempre el WLTP si está: es más cercano a la realidad.