¿Por qué muchos autos chinos no traen rueda de auxilio? Una decisión lógica que en Argentina puede ser un problema
Cada vez más autos de origen chino llegan al mercado argentino sin rueda de auxilio y la reemplazan por un kit reparapinchazos. ¿Una solución pensada para otros mercados sirve realmente para las rutas argentinas?
Arranco esta nota dano mi opinión así sin vueltas: ¡No me gusta que los autos vengan sin neumático de auxilio!
La escena empieza a repetirse. Uno abre el baúl de un auto chino recién llegado al país, levanta el piso buscando la rueda de auxilio y encuentra un compresor, un envase con líquido sellador y, con suerte, un kit de herramientas.
No hay rueda.
Y no se trata de un caso aislado ni tampoco de un olvido. Es una decisión de diseño que se está volviendo cada vez más frecuente, especialmente entre los vehículos electrificados provenientes de China.
Ahora bien, antes de apuntar directamente contra la industria china conviene aclarar algo: el fenómeno no nació en China ni es exclusivo de las marcas chinas.
Hace años que fabricantes europeos, estadounidenses, japoneses y coreanos eliminan la rueda de auxilio de algunos modelos. Según AAA, entre una cuarta parte y un tercio de los vehículos nuevos ya se comercializan sin rueda de repuesto en determinados mercados. Las razones principales son reducir peso, ganar espacio y mejorar ligeramente la eficiencia.
La diferencia es que la enorme cantidad de automóviles chinos electrificados que está llegando a la Argentina hizo que ahora el fenómeno sea mucho más visible.
Cada kilo cuenta.
Hay una primera razón estrictamente técnica: el peso.
Una rueda de auxilio, junto con el crique y las herramientas necesarias para cambiarla, puede representar alrededor de 20 kilos o incluso más, dependiendo del vehículo. AAA señala que eliminar todo ese conjunto permite reducir aproximadamente 50 libras —unos 23 kilos— del peso total.
Puede parecer poco en un vehículo que pesa 1.500, 1.800 o incluso más de 2.000 kilos. Pero la industria automotriz pelea permanentemente contra cada kilo.
Menos peso significa menor consumo en un vehículo convencional y, fundamentalmente, mayor eficiencia en un eléctrico.

Quizás la mejora individual sea pequeña, pero cuando los fabricantes buscan obtener cada kilómetro adicional de autonomía, cualquier reducción suma.
Además hay otra cuestión importante: el espacio.
Las baterías de los vehículos eléctricos y de muchos híbridos enchufables ocupan una superficie considerable del piso. A eso se suman motores eléctricos, electrónica de potencia, sistemas de refrigeración y otros componentes.
Encontrar un espacio para alojar una rueda completa debajo del piso del baúl no siempre resulta sencillo.
Por eso el kit reparapinchazos es tentador: ocupa poco, pesa muy poco y permite aprovechar mejor el volumen de carga.
Y sí: también es más barato
Después está la explicación menos sofisticada.
Eliminar la rueda de auxilio también reduce costos.
Una rueda, una cubierta, un crique, una llave y todos los soportes necesarios para alojarlos cuestan dinero. Un compresor pequeño y un envase de sellador cuestan considerablemente menos.
Cuando una automotriz fabrica cientos de miles de unidades, ahorrar unos pocos dólares por vehículo puede convertirse en millones.
Consumer Reports explica justamente que entre las razones por las cuales las automotrices están eliminando las ruedas de auxilio aparecen tanto la reducción de peso como la disminución de los costos de producción.
Por lo tanto, no hay una única explicación.
Es espacio, es peso, es eficiencia.
Y también es plata.
El problema es que un kit no es una rueda
Hasta acá, desde una computadora y una planilla de ingeniería, la decisión puede parecer perfectamente razonable.
El problema aparece cuando pinchamos.
Los kits generalmente combinan un compresor eléctrico con un líquido que se introduce dentro del neumático y busca sellar la perforación.
Funcionan.
Pero solamente en determinadas situaciones.
El propio manual del BYD Yuan Pro, por ejemplo, explica que el sistema está pensado para pequeños daños en la banda de rodadura y advierte que no debe utilizarse para perforaciones superiores a 6 milímetros ni para daños ubicados en otras zonas del neumático. Además, una vez utilizado, la velocidad máxima recomendada es de 80 km/h y hay que dirigirse cuanto antes a un centro especializado.
Y ahí está la enorme diferencia.
Si uno pisa un clavo y tiene una perforación relativamente pequeña, probablemente el kit permita continuar.
Pero si una cubierta se corta lateralmente después de pegarle a un pozo, se rompe contra el borde de una ruta o directamente se destruye, no hay líquido mágico que pueda solucionarlo.
Con una rueda de auxilio, uno cambia el neumático y continúa.
Sin rueda de auxilio, el viaje probablemente termine arriba de una grúa.

En Argentina la discusión es diferente
Y acá aparece, para mí, el verdadero problema.
No alcanza con importar el automóvil. También hay que adaptar el producto al país donde se va a utilizar.
Argentina no es solamente Buenos Aires, Córdoba o Rosario.
Tenemos enormes distancias, rutas con muchos kilómetros entre una ciudad y otra, sectores donde la señal del teléfono es deficiente y caminos donde encontrar una gomería abierta puede convertirse en una aventura.
Y, además, tenemos calles y rutas donde pegarle a un pozo y destruir una cubierta no es precisamente una situación excepcional.
Por eso una solución perfectamente aceptable para alguien que utiliza su vehículo fundamentalmente dentro de una gran ciudad puede convertirse en un problema serio durante un viaje por la Ruta 40, una ruta patagónica o cualquier camino alejado de un centro urbano.
Ahí el argumento de los 20 kilos menos empieza a perder fuerza.
Porque probablemente un usuario argentino prefiera perder algunos litros de baúl o algunos kilómetros teóricos de autonomía antes que quedarse parado en medio de la nada.
No es una crítica a los autos chinos
También sería injusto transformar esta discusión en otro prejuicio contra la industria china.
Muchos de los vehículos que hoy llegan desde China tienen niveles de equipamiento, tecnología, seguridad y calidad que hace algunos años hubieran parecido impensados para sus precios.
Y, como dijimos antes, los fabricantes chinos ni siquiera inventaron esta tendencia.
El problema es otro.
China se convirtió rápidamente en uno de los grandes proveedores de automóviles del mercado argentino, pero eso no significa que todos los criterios utilizados para desarrollar esos vehículos deban trasladarse automáticamente a nuestro mercado.
Las automotrices tienen que entender dónde están vendiendo sus productos.
Y los importadores locales también tienen una responsabilidad.
Homologar un auto para Argentina no debería significar simplemente traer exactamente la misma configuración que se vende en otros países.
En algunos casos sería perfectamente posible ofrecer, al menos como accesorio, una rueda temporal específica para ese modelo.
Incluso aunque ocupara parte del baúl.
El cliente podría elegir.
La rueda de auxilio sigue teniendo sentido
La industria automotriz cambia.
Durante décadas llevamos ruedas de auxilio prácticamente sin utilizarlas. Hoy los neumáticos son mejores, los vehículos tienen sensores de presión y existen servicios de asistencia que pueden resolver muchas situaciones.
Es comprensible que los fabricantes se pregunten si tiene sentido seguir transportando permanentemente veinte kilos de equipamiento que quizá nunca se utilicen.
Pero hay determinados elementos de un automóvil cuyo valor aparece justamente cuando algo sale mal.
Un matafuego probablemente pase toda la vida útil del vehículo sin utilizarse.
Ojalá.
Eso no significa que sea inútil.
Con la rueda de auxilio sucede algo parecido.
Durante 50.000 kilómetros puede parecernos peso muerto.
Hasta que un domingo a las seis de la tarde rompemos una cubierta a 150 kilómetros de la ciudad más cercana.
Ahí deja de ser peso muerto.
Pasa a ser probablemente una de las cosas más importantes que tenemos dentro del auto.
Y por eso, al menos en Argentina, todavía no estoy convencido de que reemplazar una rueda por un frasco de sellador sea necesariamente progreso.
Puede ser más eficiente.
Puede ahorrar espacio.
Puede bajar costos.
Pero no siempre es mejor para el usuario.
Y quizás ese sea uno de los puntos que las marcas chinas que están desembarcando con tanta fuerza en nuestro mercado deberían empezar a revisar.